Entrevista a Krzysztof Wodiczko : Text de Catalina Serra (extret del suplemento del El Pais)

"La paz no es un concepto pacífico"

En pleno apartheid proyectó una esvástica sobre la Embajada surafricana en Londres y diseñó un vehículo para los vagabundos neoyorquinos que sigue desatando polémicas. El artista polaco, que expone en el Macba, es uno de los que más ha trabajado el tema de la política en su creación.Texto: Catalina SerraPrestigiosos museos y galerías de todo el mundo exhiben sus trabajos y ha desarrollado su labor académica en numerosos centros universitarios, pero Krzysztf Wodiczko (Varsovia, 1943) representa sobre todo la esencia del artista político, del creador comprometido que no cesa en su intento de desvelar las contradicciones del poder desde el escaparate que le ofrece el sistema del arte. Wodiczko, que en 1998 recibió el Hiroshima Art Prize por su contribución a la paz mundial, es conocido por sus polémicas proyecciones de diapositivas o vídeos sobre monumentos o edificios públicos, que recuperan así su papel de revulsivo de la memoria colectiva. La fuerza estética y provocadora de estas proyecciones puede encontrarse también en sus vehículos o aparatos tecnológicos, en los que utiliza su formación como diseñador industrial para crear unos objetos que aportan soluciones imaginativas, pero imposibles, a problemas reales en un intento de hacerlos visibles y provocar debate. Wodiczko impartió recientemente un taller organizado por el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (que incluye obras de Wodiczko en dos muestras colectivas) y el centro Hangar, que se celebró en el agitado contexto de las movilizaciones antiglobalización.
PREGUNTA. ¿El arte puede contribuir al cambio social?
RESPUESTA. Ésta ha sido la principal pregunta que hemos desarrollado en el taller. No hay una sola manera de enfocar este tema. Personalmente, me interesa la gente que sugiere que el artista es un mediador, alguien que controla el oficio en el área de las prácticas estéticas y utiliza su experiencia para servir de intermediario entre los colectivos sociales y el público. Contribuye a que otros puedan comunicar sus ideas.
P. ¿Los artistas sustituyen a los medios de comunicación?
R. No, porque de hecho todo el mundo necesita a los medios. El artista no sustituye a nadie. Es, tal como yo lo entiendo, alguien vinculado a la tradición de la vanguardia histórica, desde el dadaísmo al situacionismo, que sabe cómo activar ciertos resortes comunicativos.
P. ¿Puede poner ejemplos?
R. Este concepto que desarrollaron algunos jóvenes en las manifestaciones en Barcelona de "diseño y arte para la desobediencia civil". Combina el humor y la alegría de vivir con esta idea de paz. El mismo tono lúdico con el que plantean sus propuestas refleja ya sus ideas pacíficas. Es una manera estética de afirmar derechos democráticos que se contrapone a las fuerzas del orden público y a su estética. Es una contraposición dialéctica en la calle. La paz no es un concepto pacífico. Sólo lo es en el contexto autoritario, pero en democracia la paz implica tensión y una contradicción dinámica. Los ciudadanos tienen que recordarle al poder que hay una negociación en la que están en juego los proyectos de sociedad de cada cual. La policía puede ser usada para defender los derechos de unos en detrimento de los otros y hacen falta medios estéticos para expresar esta otra experiencia, que no es simple información. Y hay que hacerlo antes de que esta voz sea acallada.
P. ¿Cómo se combina esta vertiente activista con su relación con museos y otras instituciones?
R. Mi trabajo tiene un aspecto activista, pero también está la parte del artista artesano experto en hacer algo. En cualquier caso, no estoy en contra del museo. Por ejemplo, mi proyecto más reciente, en Tijuana, necesitaba el uso de tecnologías mediáticas muy complejas que implicaban la intervención en monumentos importantes. A través de estas tecnologías, la voz de los que no tienen voz, como era el caso de las mujeres que trabajan en las plantas maquiladoras de la frontera, podían acceder al ámbito público. No veo ninguna razón por la que los museos o instituciones culturales no tengan que ayudar a realizar este tipo de trabajos.
P. ¿Puede hacerse arte político desde la cultura oficial?
R. Pienso que sí, que todavía hay posibilidades de mantener una dimensión crítica en la misma estructura del capitalismo, y evidenciar así sus contradicciones. Para hacer de contrapunto o dar respuesta al aparato del poder necesitas tener acceso a los medios de comunicación y a los medios de distribución. Es imprescindible para ser visible y también para tener acceso a los especialistas de otras disciplinas. El problema es, ¿quién va a proporcionar los medios para que estos discursos críticos se produzcan? Son las instituciones públicas las que tienen un poco esta obligación democrática de dar voz a estos discursos críticos, porque de otro modo no habrá discurso. En lugar de criticar a los museos, como éste de Barcelona, que abren sus puertas a los artistas que hacen arte político o social, lo que deberíamos hacer es felicitarlos. El silencio del arte o de los museos puede contribuir a la crisis de la democracia y dejaría a la opinión pública en manos de los que tienen los medios que pueden controlarla.
P. ¿Qué influencia tiene su historia personal en su trabajo?
R. Soy de una generación de artistas que comenzó a crecer en los años setenta en Polonia. Era una situación muy parecida a la que hubo en España en los últimos tiempos de Franco. Era un régimen autoritario, pero había una engañosa apertura con control subterráneo. La lección principal fue el descubrir cómo al hacer uso de esta aparente libertad lo que estás haciendo en realidad es colaborar con la propaganda aperturista del régimen. Los artistas hacían una especie de arte oficial por la mañana, y por las tardes hacían otro arte, supuestamente más libre. Pero era entonces cuando realmente no eran libres porque podían hacer lo que quisieran menos cosas relacionadas con la política o la ética. Existe la "libertad de" y existe la "libertad para". Se suponía que eras libre de, pero no libre para.
P. ¿Le sirvió esta enseñanza en otro contexto?
R. Sí. Después me fui a Canadá y también estuve en Francia, Australia y, finalmente, Estados Unidos. Aprendí a mantener este sentido de alerta frente a la falsa libertad capitalista. Cuando en los ochenta me instalé en Nueva York, mi sentido de alerta se concentró en esta gran masa de vagabundos que vivían en la calle. Les ofrecí mis habilidades como diseñador industrial para solucionar sus necesidades y de ahí salió el vehículo para los sin techo, que ahora puede verse en el Macba. Es un trabajo histórico que demuestra la posibilidad de hacer arte en medio de la catástrofe. El arte puede servir de ayuda de emergencia, pero también para exponer críticamente una situación.
P.¿En qué trabaja ahora?
R. He aceptado una propuesta en Nantes, que estamos discutiendo entre seis artistas. Es una intervención en un monumento para conmemorar la liberación de los esclavos en Francia. Aún no estoy seguro de que se realize, pero podría ser algo polémico. También espero que algún proyecto se desarrolle en Barcelona. Tengo que trabajarlo más para aprender cuáles son los silencios de Barcelona. Y averiguar qué monumentos podrían aprender a hablar y quién los animaría. Es un proceso largo.
P. Ha conocido de cerca las estrategias de los movimientos antiglobalización y la respuesta que reciben sus reivindicaciones. ¿Qué opina de estos enfrentamientos?
R. La democracia siempre está en peligro, pero la manera en que las autoridades responden a las protestas aumenta este peligro porque si la globalización, que es algo muy serio que nos afecta a todos, se defiende con métodos antidemocráticos se convierte en antidemocrática.No me ha sorprendido la reacción de la policía en Barcelona porque en Polonia había vivido antes esta situación. Los edificios y los monumentos conservan este recuerdo, y están asustados. Y a mí no me gusta que el espacio público esté asustado. Mis proyecciones intentan mostrar estas imágenes y sonidos que vuelven del pasado, tienen que ver con la memoria y la historia de los lugares.


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